Corazón abierto

Sincerándome

Hace unos días, por la noche estaba haciendo yoga y de pronto llegó a mí un pensamiento “He recibido más de la vida, de lo que yo le he dado” y comencé a llorar.

Seguí con mi clase hasta terminarla y después me di un espacio para profundizar en ese pensamiento que me dejó muy emocional.

Una de las siguientes ideas que pasaron por mi mente fue que quizás ya no había sentido en que siguiera viviendo, pues si yo estaba recibiendo tanto de la vida y no estaba siendo capaz de dar de vuelta, dar más, contribuir o aportar de alguna forma, tal vez sería mejor que alguien que si estaba haciendo todo eso recibiera lo que yo recibía. 

No, no quiero suicidarme y no he pensado en hacerlo, creo que la vida es mágica y una oportunidad extraordinaria, pero quiero ser sincera y contarte que en ocasiones he tenido momentos donde como en este, siento que nada cuadra, que por más que según yo intento hacer, dar, ayudar, contribuir, crear, aportar pareciera que no hay eco del otro lado, en mi entorno. Entonces es cuando me comienzo a cuestionar todo no para decirle adiós a este mundo, sino para encontrarle sentido, razones, formas y acciones de que mi presencia aquí genere o provoque algo, pero no solo en otros sino también en mí. 

Es por eso, que hoy estoy escribiendo esto, porque sé que no soy la única que lidia con estos sentimientos. Sé que todos de una u otra forma tenemos batallas internas, algunas otras personas incluso externas a nivel salud, cada quien pasa por situaciones particulares que le llevan a pensar que no es suficiente, que no tiene sentido, que no merece, que no vale, que no logrará algo jamás, que no está hecha para eso, que no está destinada a que le sucedan cosas buenas, que no, que no, que no… pero esos solo son momentos, son malas pasadas de nuestra mente, somos nosotras permitiéndole a nuestra mente que nos lleve a lo más bajo, oscuro, doloroso de nosotras.

Esa noche me permití llorar mucho, como creo que no había sucedido en un tiempo, me dejé llevar por todos esos pensamientos que yo llamo oscuros, cuestionarme todo de mí, pensar cómo había llegado a ese momento. 

Quienes me conocen o creen conocerme, seguramente pensarán que no hay razones para sentirme así porque tengo una familia estupenda, porque voy regresando de un viaje de un mes por Europa y en mis redes sociales sigo mostrando fotos de lo increíble que fue ese viaje, porque pareciera que me va bien para poder darme “esa vida». 

Pero creo que en realidad eso fue lo que detonó todo, justamente mi bajón vino de pensar en todo lo maravilloso que he recibido en los últimos dos años donde principalmente está poder disfrutar mucho más de mi familia, de convivir con mis papás, de ver a mi hermana y sobrinos más seguido, de poder viajar a lugares nuevos y algunos conocidos que amo, de ver a gente que quiero y conocer gente nueva inspiradora, de cumplir sueños.

Aunque por el otro lado, sentía que yo no estaba haciendo nada para merecer todo eso, porque justamente llevo este par de años trabajando de manera independiente y siento que no he hecho suficiente, que con quienes he trabajado no han valorado mi trabajo, no les ha significado algo positivo, pero que tampoco he buscado las formas de ayudar, crear, contribuir, aportar a más personas y me estoy quedando corta con lo que estoy haciendo. 

Todo eso viene seguramente de muchas creencias limitantes que aún tengo, de una perspectiva de insuficiencia, poco valor, incapacidad, pensamientos que tengo respecto a mí y lo que hago; pero al final del día, estaba detonando en un sentimiento muy poderoso de cómo crear un círculo virtuoso en mi vida donde me sienta en plenitud con lo que doy y con lo que recibo. 

Es así que al día siguiente elegí cambiar mi narrativa, cambiar mi perspectiva. Entendí (esa es mi percepción y quisiera verla como cierta), que si en mi vida estaban sucediendo cosas maravillosas como las que ya te mencioné es porque seguramente si las merezco y son para mí. 

También entendí que quizás aún sin darme cuenta si estoy aportando a este mundo, a las personas que me rodean o a quienes puedo llegar y que entonces debo dejar de cuestionarme o buscar alguna retroalimentación por ello, porque si yo todo lo que doy es desde lo más profundo de mi corazón, lo hago desde el amor, ya con eso estoy ganando y lo demás solo son cuestiones de mi ego queriendo tomar protagonismo, o incluso algunas veces desde mi carencia.

También me cayó el veinte de que todos esos incontables momentos increíbles que he vivido yo los he creado, he estado trabajando en que se puedan dar y que no del todo han sigo gratis, jaja, porque también algo que otros no ven y que luego ni yo misma veo es que evidentemente esas experiencias han significado que hoy mis tarjetas de crédito no estén en la situación más sana u óptima, pero entonces en ese cambio de narrativa y perspectiva es que también me planteo el que todos esos momentos que viví debía vivirlos y que el flujo para poder ir saldando esas deudas o cuentas pendientes también habrán de ir llegando.

Pero entonces más que permitirme seguir bloqueándome o cuestionándome todo, lo que si recibo, lo que no recibo, lo que doy, lo que no doy; para mí estas reflexiones llegaron en un momento crucial para replantearme la forma en que estoy viendo mi vida. 

Para mí cuando cierra un año y se abre uno nuevo si es muy significativo, porque me doy permiso de redefinirme, reescribir mi historia, analizar de dónde vengo, dónde estoy y haciendo dónde quiero ir; entonces esta reflexión que comenzó con un instante de sincerarme conmigo se está convirtiendo en abrir una puerta para dar paso a un nuevo año que quiero vivir de una manera completamente distinta a los 40 que ya han pasado. 

Y así es que también en esta interiorización me di cuenta que en muchos momentos de mi vida me he atrevido a decir “hoy quiero vivir diferente” y si bien algunos han sido cambios sencillos, existen otros mucho más profundos que si ahora no me hubiera dado el momento de parar (aunque sea porque se detonó de un sentimiento doloroso) no habría identificado o recordado.

Entonces, hoy que estamos a unos días de concluir el año estoy trabajando mucho en mí, dedicándome mucho tiempo. Estoy aprendiendo mucho y de muchos, escuchando consejos, creando mis propias versiones de cómo construir esa vida que deseo, de cómo organizarme, planear, crear, accionar y seguro en el camino irás conociendo las herramientas y acciones que me vayan ayudando, porque si las necesitas quiero compartírtelas y que las hagas tuyas. 

Si te soy sincera, en este proceso hay ocasiones donde me da miedo, otras tantas procrastino para no dar los siguientes pasos, algunas más me cuestiono si no sería mejor seguirme sujetando a “la vida que hoy llevo y ya conozco” que me da resultados aunque no los que quisiera; de repente encuentro pretextos para desviarme un poquito del camino, y sí, sé que es un proceso, un trabajo diario, un enfoque constante, pero estoy mentalizada en que quiero a partir de ahora sobrepensar menos, cuestionarme menos, tener menos expectativas, complicarme menos y crear más, dar más, construir más, estar más presente, agradecer más, disfrutar más, valorar más, creer más, vivir más. Vivir bajo este círculo virtuoso del que te hablaba de sentirme tranquila, en equilibrio y plena con lo que doy y con lo que recibo. 

Y cierro este post, que no sé si a ti te hizo sentido o fueron palabras al aire poco hiladas (que suele pasarme, jaja), contándote que le puse “Sincerándome» porque últimamente he escuchado mucho esa canción de Carlos Rivera y de hecho en mi shavasana de ese día en que este post comenzó me puse esa canción, porque mucho de lo que ahí dice la letra lo sentía; así que creo nunca está de más sincerarnos, ya sea ante otras personas que escucharán una canción, ante otras personas que leerán este post, o en un espacio solo contigo misma. 

Me despido por ahora diciéndote y diciéndome que si algunas de mis palabras aquí resonaron contigo, deseo te quedes con el pensamiento y la certeza de que ahorita estás ante una nueva oportunidad de que tu mente cambie el chip y tu verdadero ser poderoso, amoroso, compasivo y fuerte tenga el control; ante la posibilidad de hacer todo eso que quieres y comenzar a hacerlo ahora mismo; pero sobre todo ante el espacio de agradecer la vida misma.

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